| CORONACIÓN CANÓNICA (11 DE OCTUBRE DE 1987) | ||
A las 8 de la tarde del lunes día 5 de octubre tuvo lugar en el Salón de Actos del Centro Cultural CAJASUR, el Pregón de la Coronación , a cargo del escritor, poeta y académico D. Miguel Salcedo Hierro, veterano cofrade. En la presidencia del acto figuraron D. Ángel Marín Rújula, en representa¬ción de la Obra Cultural ; el Presidente de la Agrupación de Cofradías, D. Juan B. Villalba Cabello; El Superior de la Comunidad Claretiana y Consiliario de la Hermandad , Rvdo. P. Olimpio Arranz Prior y nuestro Hermano Mayor, D. José Murillo Rojas que hizo una breve presentación del Pregonero, como antiguo cofrade de nuestra Hermandad y también como cantor de las glorias de Córdoba, en sus diferentes aspectos. D. Miguel Salcedo Hierro hizo una bella glosa - en prosa y en verso- de la coronación Canónica de Ntra. Sra. de las Angustias y también se refirió a diferentes aspectos relacionados con la historia de la Hermandad y, sobre todo, a su vinculación a la misma como cofrade, en los últimos cuarenta y tantos años, a sus vivencias, a sus recuerdos, a su devoción, en fin, a todo lo relacionado con las imágenes titulares. El público que abarrotaba el salón interrumpió al orador con sus aplausos en varios pasajes de su discurso, especialmente en la glosa que hizo de la décima de García Lorca a la Virgen de las Angustias, premiándolo al final del acto con una prolongada ovación. El escenario estuvo decorado con el cuadro fundacional de la Cofradía , su bandera, y varios centros de flores.
PRESENTACIÓN DEL PREGONERO DE LA CORONACIÓN CANÓNICA DE NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS Excelentísimos Señores: Señor Presidente y Junta de Gobierno de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa, Hermanos Mayores de las Cofradías de Córdoba, Cofrades y amigos: Era yo un muchacho, casi recién nacido a la vida de la Hermandad , cuando conocí una saeta de Miguel Salcedo, y me gustó tanto, que me la he repetido miles de veces. Nunca la he oído cantar, pero lleva tal carga de sentimiento que merece la pena recordarla hoy. Como un brote de jazmín, donde el dolor dejó trazos, sale de su Camarín, con la luna entre los brazos, el sol de San Agustín. No hay por qué analizarla literariamente. Dicen los saeteros que las saetas no son poesía, sino la expresión cantora del sentimiento del pueblo que llora y compadece a una Virgen o aun Cristo, pero, ¿quién será capaz de negar que en esta saeta, Miguel Salcedo supo, con su lenguaje exquisito, expresar un sentimiento que fue palpable durante siglos en los vecinos de San Agustín? La Virgen de las Angustias era el único Sol capaz de alumbrar la negra noche de sus dolores, de sus angustias, dándoles la luz necesaria para seguir confiando, sin vacilación, en la Madre , símbolo del dolor supremo al llevar a su hijo muerto en los brazos. El 1 de marzo de 1953 y en Radio Córdoba, Miguel Salcedo hacía lo que él llamó "Copla anunciada como Pregón", de la Coronación solemne de nuestra Virgen de las Angustias. Allí vuelve su verso, yo no diría fácil, sino inundado de la abundancia de su corazón a cantar a la Madre , a la Señora , como nos enseñó a decir D. Manuel Revuelto, y lo hace retratando el alejamiento de Córdoba: Porque no saben quererla, de Angustias lleva su llanto siendo su rostro la perla más bella del Jueves Santo. ¡Que baje Córdoba a verla! Hoy, treinta y cuatro años después, vuelve Miguel Salcedo a pregonar la Coronación de la Señora , Para gozo y compromiso de todos, la Coronación es Canónica; y si esto no es capaz de hacer temblar nuestros centros -como decía nuestro Fernando el gitano, refiriéndose al cante- llega en un Año Mariano, cuando más la miramos, cuando más nos acercamos a ella poniendo el amor de puntillas para que la roce sin distraerla, para ser leve brisa que seque sus lágrimas, sutil lienzo que envuelva a su Hijo y voz que grita a los cuatro vientos: ¡He aquí a la Reina , mirad y ved si hay dolor como el suyo! Vuelve Miguel Salcedo, para, como siempre, con su palabra precisa y el colorido de su verso, hacernos ver los que sólo su alma de poetas capaz de ver. Ese poeta al que hoy le mueve, en una conmoción vital, lo que es consustancial con su persona: ser cofrade de la Angustias. José Murillo Rojas
PREGÓN DE LA CORONACIÓN CANÓNICA DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS Pronunciado por D. Miguel Salcedo Hierro en el Salón de Actos CAJASUR el día 5 de Octubre de 1987. Ilustrísimos Señores, distinguido auditorio, queridos amigos: En la ciudad de Córdoba, a veintisiete de junio de mil novecientos ochenta y siete, festividad del Inmaculado Corazón de María y de San Zoilo mártir, un transcendental documento episcopal le decía a los cordobeses: "Nos, Don José Antonio Infantes Florido, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Córdoba, a todos los Reverendísimos Señores Arciprestes, Párrocos y Sacerdotes de Córdoba, comunidades Religiosas, en especial la de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Residencia de San Pablo, a la PONTIFICIA , REAL Y CENTENARIA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS; a las Hermandades de Penitencia y en general al Pueblo de Córdoba: Siendo manifiesta la devoción mantenida en la advocación de Nuestra Señora de las Angustias, desde el año de 1558 -como dato conocido- y a esta bendita imagen, desde 1628, sin que a pesar de las muchas vicisitudes padecidas y que la historia refleja, se haya mermado en ningún momento, ni roto la continui¬dad de su Hermandad de Penitencia; conocida la trayectoria plurisecular de fomento de la devoción mariana por parte de la Hermandad , así como su espíritu de penitencia en la tradicional procesión con la bendita imagen en los días de la Semana Mayor ; atendiendo la petición formulada por muchas Comunidades Religiosas y otras Corporacio¬nes, avalada por miles de firmas de fieles que nos han sido presenta¬das; en virtud de las facultades que nos otorga la actual disciplina de la Santa Iglesia Católica DECRETAMOS: QUE LA VENERADA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS, SEA DISTINGUIDA CON EL HONOR DE LA CORONACIÓN CANÓNICA. Tenemos la confianza de que esta Coronación será para la Hermandad no un sólo reconocimiento, sino el impulso eficaz, para testimoniar ante la sociedad el compromiso cristiano de todos sus miembros y transmitir a las futuras generacio¬nes de cofrades, como ya viene haciéndolo en sus cinco siglos de existencia, el amor y la confianza hacia la Madre de Dios. Esta feliz conjunción de hermosas palabras, cuyo espíritu enlaza con la celebración del Año Mariano, deben ser por derecho propio, alma, vida y corazón, y a la vez pórtico, de la oración amante de este simple hermano de luz, que hoy ha recibido el inmerecido honor de pregonero. Pero antes de seguir, quisiera agradecer las cariñosas frases que en su presenta¬ción, me ha dirigido el Hermano Mayor de las Angustias José Murillo Rojas, tan valedoras para mí por el transfondo y a la vez tan turbadoras, para la serenidad necesaria que debe presidir mi intervención. No voy a improvisar porque trataba a mi modo de justificar mi presencia aquí en esta noche, por tanto, le digo: En la Hermandad , cada uno debe cumplir su misión. Tú eres quien riges y gobiernas. por ser Hermano Mayor, pero es voluntad de todos el realizar con tesón, lo que sea necesario a la Virgen y al Señor, el ejercer es de muchos, misas, triduos, relación y ayuda a necesitados y años enteros de amor. Cada uno lleva una cosa cuando va en la procesión, las varas, las campanillas, las Espinas del redentor, los gloriosos estandartes, el hilo de la oración, el vuelo azul del incienso, la tersura del velón, las cruces de la dalmática, todo el ensueño y loor. Van muchos bajo las andas, calándose de sudor, enfebrecidos de empuje y el capataz con su voz, y luego, hermanas y hermanos marchando de dos en dos, como rosarios abiertos, por los caminos de Dios, fundiendo en sus manos cera, con una luz que es temblor. El si soy o no uno de ellos, eso sólo lo sé yo, pero que por obediencia a tu mandato de honor, quiero acompañar la Virgen con la luz de mi pregón. La Coronación Canónica de la Santísima Virgen de las Angustias, debe estar revestida de la mayor solemnidad, pero como dice Miguel Castillejo Gorráiz, en su magistral escrito sobre este aconteci¬miento, esta solemnidad no debe ser considerada únicamen¬te como la culminación de afanes y entusiasmos meramente cofrades. La alegría de ver coronada a Nuestra Señora debe ser a su vez, un punto de partida, de renovación de nuestra fé, de profundiza¬ción en la imitación de María que fue la mujer supremo modelo de fé, fidelidad y colaboración con la obra redentora de su Hijo. Pues por ese camino podremos alcanzar nuestra propia corona, la corona incorrup¬tible de que hablara San Pablo a los corintios; con nuestra perseverancia en la fé, con la cual recibiremos la corona de la vida que el Señor prometió a los que le aman con nuestra fidelidad a los principios evangélicos: Se fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida, y son nuestro compromiso y testimonio de cristianos en este mundo. En su breve historia de la Cofradía de las Angustias, escrita por José Murillo Rojas, el Hermano Mayor, sobrecoge el subtítulo: Monumento al Dolor. Corona de dolor, podríamos decir, que se inicia en la Oración y Agonía de Nuestro Señor en el Huerto, sigue en la Flagelación Amarrado a la Columna , se acentúa en la terrible Coronación de Espinas, se profundiza en los momentos de su Cruz a Cuestas y de sus Caídas y por último haya su punto culminante en la Cruxificción y Muerte de Nuestro Señor Jesucris¬to. Monumento al Dolor, Coronación de Dolor, ahí está ya el momento patético de la Virgen de las Angustias y del Divino Hijo, desangrado y yerto sobre su regazo. Después, los Misterios Gloriosos nos traerán Resurrección, Ascensión, Venida del Espíritu Santo, Asunción y Coronación. Sólo que ésta ya, será Coronación de Gloria, como la que espera nuestra Sagrada Imagen el próximo domingo en la fernandina Iglesia de San Pablo. Cuando contemplemos este glorioso momento, que no se os olvide que para tener derecho a una coronación de gloria, hay que haber soportado antes las infinitas angustias de una coronación de espinas. En el sentido material, una corona puede ser un cerco de ramas o flores naturales o imitadas, o de metal precioso con que se ciñe la cabeza, un conjunto de flores o de hojas, o de las dos cosas a la vez, dispuestas en círculo, una aureola de la imágenes santas; una moneda antigua de oro que tenía grabada una corona y corrió en el reinado de Don Juan II de Castilla, hasta finales del siglo XVII. Una serie de monedas inglesas, portuguesas, alemanas, danesas, suecas y noruegas, australianas u húngaras, son coronas. Una dignidad real, una monarquía, una distinción de las clases nobiliarias son coronas. Pero en el sentido pregonero de una Coronación Canónica, en el anuncio y voz de dicha Coronación. sólo cabe la que se llama corona de siete dieces que se reza a la Virgen , simbolizándolo en una coronación poética, y ahí entrarán ya esos libres quintetos de la Quinta Angustia de Pablo García Baena, ese soneto de Ricardo de Montis: Ante la Cruz , emblema del tormento; esas redondillas: Yo no sé decir de Tí, de Eusebio Cañas; esa Oración para estar con las Angustias de Córdoba, de Francisco Montero Galvache; ese En tus brazos la Vida se hizo Muerte, de Juan Morales Rojas; o esos miles de páginas del ejemplar cofrade José Luis Sánchez Garrido, durante los cincuenta años cantando y hablando de la Virgen de las Angustias sin que nunca se le agoten sus bellas palabras. José Luis Sánchez Garrido, el insustituible Cronista de la Hermandad. Para que el Sacerdote Claretiano, felizmente presente, Segundo María Gutiérrez, improvisara en un sentido brindis: Tres dones al sonreir, lleva este vino en solera la devoción cofradiera, la amistad y el bien decir. José Luis al convivir, supiste darnos los tres, por ello lo que aquí ves, es brindis a tu delirio que hace de la pluma un cirio, para el culto cordobés. Sin contar las innumerables letras de saetas dedicadas a las Angustias, por los poetas hermanos Antonio y Francisco Arévalo. Del primero: Madre de Angustias herida, de Córdoba joya y flor, llevas en brazos la Vida , y vas muerta de dolor. y del segundo: Sales de San Agustín Señora de Angustias llena, y vuelta a tu camarín como es divina tu pena, tu pena no tiene fin. O estas dos, del popularísimo Ramón Medina,muy poco conocidas: Por la Fuenseca pasabas, cuando despuntaba el día y al verte llorar lloraba la fuente, Virgen María. Igual que recién nacido, en tus brazos acostado, parece que va dormido, y lleva abierto un costado. Pero aún queda una composición importante, una décima o espinela, genial inspiración del momento. El Jueves Santo de 1935, estuvo en Córdoba el gran poeta Federico García Lorca. Aquella noche, acompañado de un grupo de amigos, entre los que se encontraba Manolo Carreño, recorrió varios barrios cordobeses y salió al encuentro de la Virgen de las Angustias cuando ésta iniciaba su estación de penitencia en la angostura de la plaza de San Agustín a Rejas de Don Gome. Manolo Carreño, me relató que entonces nadie le llamaba García Lorca, sino Federico García, y esto debe ser muy cierto, porque el mismo poeta lo dice en su romance "Muerte de Antoñito el Camborio": ¡Ay! Antoñito el Camborio digno de una emperatriz, acuérdate de la Virgen porque te vas a morir. ¡Ay! Federico García llama a la Guardia Civil. Pues bien, Federico García Lorca, inspirado por la emoción y la belleza del momento, lanzó allí mismo estos versos cuyo original dice Carreño que posee: Moldes de la estrecha vía dos hileras luminosas, Presidenta de las rosas Este es el momento de aclarar que el verso es, presidenta de las rosas, y no prisionera de las rosas, como por errar se ha venido escribiendo y divulgando. Moldes de la estrecha vía dos hileras luminosas, Presidenta de las rosas viene la Virgen María , de plata y de pedrería lleva las andas repletas. Y a su paso las saetas para más lujo y derroche, se van clavando en la noche constelada de cornetas. Yo quiero llevar mi atrevimiento de hoy, a realizar la glosa del poema, también en décimas. Vean pues, como el verso final de cada una de ellas, no es otro, que el correspondiente al breve poema de Federico García Lorca. Unas cornetas lejanas, la noche del Jueves Santo, preludio de lirio y llanto, en lugar de las campanas. Por unas rosas tempranas tus angustias, madre mía, van templando la agonía de tus temblores serenos. Mientras, son tus nazarenos MOLDE DE LA ESTRECHA VÍA. El silencio se hace parte cuando te llega la vez, pero también es el juez que nos absuelve al mirarte. Cruz, bandera y estandarte, promedian piedras gloriosas mientras que todas las cosas toman matices de raso. Porque van abriendo paso DOS HILERAS LUNINOSAS. Fragante, celeste y pura, vas en angustias desecha, cuando la calle se estrecha para acercar tu hermosura. El ambiente se asegura de esencias maravillosas, y los requiebros son glosas, ya que al venerar tus dones, te nombran los corazones : PRESIDENTA DE LAS ROSAS. Todo un derrame de amor halla destiladas fuentes en las lágrimas ardientes de tus mejillas en flor. Son cálices de dolor para aquel que en Tí confía, y le llevan tu agonía con su testimonio fiel, para demostrar que hasta él VIENE LA VIRGEN MARÍA. Llegas ya, reina y señora, sobre el altar imprevisto de tu faldellín, va un Cristo, que es muerte y también aurora. Tú con El, corredentora, y en El, prodigioso guía, esparces la teología de la eterna salvación. mientras que es tu procesión, DE PLATA Y DE PEDRERÍA. Córdoba te siente así: humana entre lo divino. Sabiendo que tu camino es también parte de Tí. Un reflejo carmesí, luce en tus luces inquietas, mientras que de fé sin grietas, de plegarias y de olores, de suspiros y de flores, LLEVAS LAS ANDAS REPLETAS. Van quebrando las redomas de tu presencia infinita. Toda una gracia bendita que se resuelve en aromas. Van a su manto, palomas, a sus manos, las violetas, a su cuello, las discretas luces de su gargantilla, a sus sienes, la mantilla, Y A SU PASO LAS SAETAS. Y así la Virgen amada, en sus angustias serena, va transcribiendo su pena a la lenta madrugada. La calle queda cerrada. La luna clara es su broche, y con sus damas de noche afinan su filigrana los jardines de Viana PARA MÁS LUJO Y DERROCHE. Un no sé que indefinido llena de melancolía a un Federico García que se siente estremecido. Algo triste, presentido, se une al dolor sin reproche de la Virgen , joya y broche, donde el pueblo vibra y reza cuando dardos de tristeza SE VAN CLAVANDO EN LA NOCHE. El poeta ignora el acecho de su final desgarrado. Mas la Virgen le ha mirado y le hace sitio en su pecho. Poco falta, para el hecho que sellarán escopetas. Son más tristes las saetas, y las Angustias divina, desaparece en la esquina CONSTELADA DE CORNETAS. En los antiguos ecos de mi alma, anidan los recuerdos valederos para la inspiración y el sentimiento, los estudios artísticos de Dionisio Ortiz Juárez, sobre Juan de Mesa; las Notas de Arte de Rafael Romero de Torres; los escritos de Juan Gómez Crespo; la relación bellísima que nos hace Antonio Bejarano Nieto de cuando el grupo escultórico estuvo en Madrid y fue expuesto en el Palacio de Bibliotecas y Museos; la restauración dirigida por Francisco Peláez del Espino, las notas en torno a la Virgen de las Angustias y Juan de Mesa de Francisco Zueras; la Evocación , de Francisco Melguizo; el documentadísimo estudio de Alberto Villar Mobellán, sobre la primitiva iconografía de Nuestra Señora de las Angustias; el palio bordado en oro y plata fina sobre malla de oro por las Religiosas Adoratrices de la Plaza del Vizconde de Miranda; las Angustias y la Piedad de José María Ortiz Juárez; la marcha procesional de las Angustias de Enrique Báez; y el recuerdo imborrable de Manolo Morales, y el del gran pintor Ricardo Anaya, insigne cartelista, siempre al lado del paso en los desfiles y la perfecta coordinación de Francisco Solano Márquez en la Revista Ato Guadalquivir; y el bellísimo cartel de la Coronación obra de Diego Hidalgo del Moral; la anhelante espera de las monjas de Santa Marta y de Capuchinas, singulares madrinas de la Coronación Canónica anhelada; y esas tres de la madrugada en la Plaza de San Agustín; y ese momento culminan¬te en que desde un balcón mi voz alternaba con la de los maestros saeteros y el gentío escuchaba en un religioso silencio y ese magistral relato de Sánchez Garrido por Las Angustias, única cofradía en las calles cordobesas del Viernes Santo de 1936; y la primera salida de la cofradía de la Iglesia de San Pablo año 1961, cuya procesión fue larga en extremo porque tuvimos que extendernos hasta la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, ya que éste fue uno de los años en que los desfiles procesionales se realizaron atravesan¬do el Patio de los Naranjos; y entre mis recuerdos mejores, en esta hora de pregonar la Coronación Canónica de nuestra Virgen, está la de aquella noche de Jueves Santo de 1975, en la que por primera y única vez, la procesión incluyó en su recorrido la Puerta del Colodro ante la Lagunilla. Desde el balcón frontal al Convento de Adoradoras, me cupo el honor de hablar y recitar un poema, que no ha vuelto a ser recitado nunca. Aquella noche, visiblemente emocionado, con el paso casi tocado con las manos, dije así: "Ave María Purísima.... Reina y Madre del pueblo de Córdoba, congregado por la madrugada en este lugar, que parece un símbolo en el tiempo,porque hace ya ocho siglos, por esta puerta de la muralla entraron en la ciudad, para conquistarla, los paladines cristianos de San Fernando... en aquel tiempo entraba la fé en Córdoba, tímidamente, como un primer rayo de luz... En esta noche, Señora y Abogada nuestra, el surco de aquella Fé se ha abierto hasta hacerse camino de resplan¬dores, porque tu imagen, Presidenta de las rosas, ha bajado la cuesta lentamente, sostenida entre el amor y el dolor: equilibradas tus maternales angustias entre la singular belleza de tu figura incomparable y ese llanto silencioso que daríamos por haberlo podido evitar. Ante Tí, tesoro celestial, los hermanos de tu Cofradía, en una sola oración, uniformamos el ritmo de nuestros corazones, para unirlos con minuciosa exacti¬tud a las de cuantas personas han acudido a este típico rincón cordobés con el convencimiento de que están asistiendo a instante histórico inolvidable. Porque, en el transcurrir de los años, -soberana de toda hermosu¬ra- el pueblo de Córdoba y cuantos vengan a esta tierra en las noches del Jueves Santo, podrán rezarte en la calle, decirte que tu presencia es subyuga¬dora; compadecer todo el infortunio que repre¬sentas como ser humano que ha pasado por el horroroso trance de sufrir la pérdida de un hijo; momento en tí infinita¬mente más amargo porque eres la Madre de Dios... Lo que ya es mucho más difícil es que tu prodigiosa presencia vuelva otro año a hacer su estación en este lugar, porque esta noche hay un motivo único: el que te contemplen con tu nuevo manto las abnegadas reli¬giosas Adoradoras del Santísimo y la Inmaculada que te lo han bordado. El de que te canten ellas mismas una devotísima plegaria, cuando este pobre pecador cierre sus pala¬bras... Muchos nombres habría que decir aquí esta noche, pero lo veda el sacrificio y la humildad de quienes han hecho posible la realidad de este manto efectuando sus valiosí¬simas aportaciones. Pero en toda obra de arte hay un artista y su nombre tengo que decirlo, no porque a su modesta forma de ser le importe, sino porque así la obra al firmarse tiene su justo valor. Me refiero a Manuel Mora Valle, que con seguridad, anhelante de emoción, entre las filas de hermanos, estará viendo como sus dibujos tomaron realidad, por la obra y la gracia de cinco monjitas que estuvieron trabajando en el manto tres años seguidos." Mora, es el Director Artístico de la Hermandad , a quien en 1953, le escribí en la dedicatoria de mi pregón de la Coronación , porque la corona había sido diseñada por él, le dije: Amigo Manolo Mora, quién pudiera poseer esa gracia seductora para en dibujos prender el sol luciendo en la aurora, con tintas de rosicler y una corona tejer a la sien de la Señora. Nadie como yo te admira, que el religioso camino que en torno del arte gira, tu pensamiento hace lira para cantar lo divino. No dudo al ver tu destino que es un ángel quien te inspira. Pero aquella noche de 1975, que vengo relatando, mi plegaria a la Virgen , fue así: Reina y Madre de mi Fé: ¿por qué no dijiste no? Dime, Señora, ¿por qué? ¿Por qué este honor se me dio de ser yo, quien aquí dé voz y verso, cuando sé no ser de tí digno yo? ¿Por qué yo para cantar la belleza de este instante, en que el pueblo es como un mar y tú, etérea, navegante, vas sobre todos, fragante, maravillosa y sin par? Señora, la distinción no sé; pero la agradezco. Y, si me falta otro don, aquí está mi corazón, que ese, de verdad te ofrezco. Porque tú, Virgen María, de Angustias Madre, y de pena transida, vas de armonía, de gracia y de luz tan llena que, al mirarte, se diría que, si pudiera, andaría con tus pasos la azucena. Sobre ese trono, que avanza, vas, como vaso de aroma, como singular redoma donde el misterio se alcanza de que, igual que una paloma, vuele hacia tí mi esperanza. No sé que encantos son esos que se suman a tu encanto y nutres a tu quebranto de tan divinos excesos, cuando, en tus ojos, son besos las lágrimas de tu llanto. Virgen de las Angustias, amada; estampa de gentil trazo, dolorosa y resignada, con tu divina mirada uniéndote en débil lazo a esa cabeza sagrada que, inerte, reclinada en tu virginal regazo. Virgen de Angustias querida; tronchada, como una flor, del viento devastador de la muerte y de la vida; temblorosa en tu Dolor; pero siempre florecida con luminarias de amor. Virgencita cordobesa, -perla de este Jueves Santo- a la que queremos tanto que nuestra plegaria es esa que un arte genial te expresa en la gloria de tu manto. Cae a tu espalda un tesoro como un morado sudario; se abre a tu cruz un calvario, bordándose el lirio en oro, y hay como un eco sonoro en el cielo solitario. ¡Que milagrosos perfiles en los cálices perfectos de esos dibujos selectos, que más parecen marfiles, por brillarles los efectos de esas diez manos monjiles que acariciaron, sutiles, para bordar, los proyectos! ¡Qué intensidad en los brillos y qué volutas trenzadas en el acanto en zarcillos, en las hojas dibujadas de laureles amarillos, en las vides enlazadas, en los lises recamadas y en los lúpulos y anillas! ¡Tu manto, Señora, baste a tribulación tan llena! ¡Tiene una riqueza plena! ¡Que en los hombros lo llevaste, para hacer rica tu pena y, así, es más duro el contraste! ¡Y es que el Dolor te encadena! ¡De tanto como lloraste con lágrimas fue su engaste a esa cara tan morena! ¡Monjitas adoradoras del Santísimo Señor... ! Sí, a vosotras, bordadoras de ese manto de primor, que en vocación y en amor le legasteis vuestras horas, Córdoba quiere ofrecer estos versos como un canto a ese glorioso taller en donde se alzaron tanto vuestros sueños de mujer... ¡Y para que el Jueves Santo, pueda otra vez florecer, la Virgen pone su encanto, nos muestra su amanecer y el sol ya empieza a nacer porque es un sol vuestro manto! José Murillo Rojas, escribió es las páginas de la revista Alto Guadalquivir, hace unos años, este profundo pasaje: "La palabra angustia, hace referencia a una estrechez, un ahogamiento, un bloqueo emocional que atenaza al ser humano en una situación insoportable y fuera de su propio control. Es el callejón sin salida, en el que a veces nos sentimos conducidos contra nuestra voluntad, o la conciencia de haber llegado muro, imagen de estar al final acorralado y dominado, de un camino sin escapatoria nada hacia adelante, y nada hacia atrás". Y ella es muy cierto, y así es la situación de este mundo atormentado, pero hay gracias a Dios un camino por donde salir: por arriba. Ya lo ha dicho el poeta y esta misma noche. Acuérdate de la Virgen porque te vas a morir. Hacia arriba, hacia la Virgen Coronada , ya que esa es la manera de hallar la eterna coronación de la vida propia. Claro está que esto lo sabe José Murillo Rojas también, y lo conoce a fondo desde ese abnegado puesto de Hermano Mayor tan duramente incomprendido; es el puesto más duramente incomprendi¬do. También como aportaciones a la coronación, vienen los recuerdos de los Hermanos Mayores que yo conocí: Manuel Revuelto Nieto, cofrade ejemplar, que rigió la Cofradía durante muchísimos años; Amador Naz Román, al que cabe reconocer un esfuerzo en su mandato; Aurelio de Castro, Marqués de la Fuensanta del Valle, que presidió la Hermandad en el momento cumbre de su traslado desde San Agustín a la Real Iglesia de San Pablo. Todos ellos, rindieron la jornada de la vida en la paz de Nuestra Señora. Los tres que los siguieron son, porque conviven y quiera Dios por muchísimos años, Juan Jiménez Soriano, a cuyo mandato correspon¬dieron el estreno del manto en 1974 y la restauración del Grupo Escultórico en 1976. Mi hermano, no sólo de las Angustias, sino también de sangre, Manuel Salcedo Hierro, en cuyos cuatro años de régimen se conmemoró el cuarto centenario del nacimiento del escultor Juan de Mesa, y se colocaron dos rótulos de azulejos en Valdeolleros en la Avenida de las Angustias y finalmente el ya nombrado actual José Murillo, que a las primeras de cambio se planteó el gran reto de la Coronación Canónica y va saliendo triunfal. Por éso dice él: nuestro reto no es deslumbrar al gran público, sino llevarle el mensaje religioso de la coronación. Algunas veces he referido yo que entre los recuerdos míos más queridos, está el de aquella Semana Santa en que la Virgen no pudo salir porque la noche del Jueves Santo fue de abrumadora lluvia. El Sábado Santo, la Plaza era un interminable rosario de fieles que acudían a contemplarla silentes. El tiempo era ya excelente y alguien dijo: ¡Vamos a sacarla y le damos la vuelta a la Plaza ! La respuesta fue de apoteosis y gritando: ¡Viva la Virgen de las Angustias! nos metimos debajo del paso y allí aprendí yo durante el corto espacio del tiempo del recorrido, qué titánico esfuerzo hay en la misión de los costaleros. Porque a veces el paso va rítmico y sereno sobre los hombros de todos, pero existen algunos instan¬tes, son brevísimos, porque si no sería imposible aguantarlos, en que a causa de los desplazamien¬tos de la marcha parece como si todo el peso fuera aguantado por uno mismo. Hay que haberlo vivido. No podría comprenderse de otra manera. Pues bien, aquella noche, cuando el paso le dio la penúltima vuelta a la Plaza y estábamos ante la vivienda del Doctor Garrido, se pedían a gritos las saetas que pudieron ser luego, porque en aquellos mismos momentos no había quien las cantara, y sin saber por qué se acordaron de mí y me buscaron de entre los improvisados costaleros y fatigado y sudoroso, desde la casa del Doctor, desde su balcón central, tuvo que hacer la más impresionante interpretación poética que había hecho en mi vida. Lo curioso fue que al año siguiente en el Jueves Santo, y durante muchos años, tuve que seguir subiendo a un balcón, ahora ya era el de la casa más próxima al templo de San agustín, y seguí recitando versos. Una de aquellas veces, dio la casualidad de que estaba cerrada la casa, pero nadie se arredró por ello, me buscaron una escalera y yo subí por ella, desprendido ya del capuchón que había llevado en la procesión, pero naturalmente con la túnica de nazareno. En las tribulaciones de mi salto al balcón, se enganchó y se desgarró mi vestidura. Me fue zurcida al día siguiente, de éso hace ya más de cuarenta años, pero la túnica está guardada en mi habitación, siempre dispuestas para las manos amorosas que me la hayan de poner de mortaja. Debe estar señalado, que mi tendencia a cantar a la Virgen de las Angustias, haya de poseer la transmisión espectacular de un balcón, los de la Plaza de San Agustín, el de la Puerta del Colodro y también el de la Plaza de Capuchinos, sólo que me he hecho todo acreedor en el propósito. Fue esto en la Semana Santa de 1981, la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias trazó su itinerario procesional incluyendo en él, por primera vez en su historia, el paso por la Plaza de Capuchinos. En el solemne instante en que la imagen de la Santísima Virgen fuera estaciona¬da ante el Hospital de San Jacinto, estaba previsto que de la Paz y de los Dolores, le fuera entregado por los representantes de ambas Hermandades, sendos ramos de flores. Y también estaba previsto que de el balcón frontal, yo recitara un poema mío, adecuado a aquel momento único que tenía que suceder. Pero fue el caso de que una intensa lluvia abrileña, se adueñó de la ciudad e impidió la salida de las procesio¬nes. Algunas se atrevieron a desafiar las exigentes inclemencias del tiempo, mas la Hermandad de la Virgen de las Angustias, no. Eran muchas las responsabili¬dades de exponer a la Virgen y a su entorno en las inmisericordes flagelacio¬nes de la lluvia. La Virgen , pues, no salió. Dolido y amargado por las circunstancias, no tuve la oportunidad de hacer oír mi voz, mi intervención, y por tanto mi poesía, quedaron suspendidas. Aquellos versos no han sido recitados nunca. Nunca hasta ahora. Esta Semana Mayor, igual que los limoneros, Madre de Angustias en flor, tus hermanos costaleros te han puesto en andas de amor. Su impetuosa juventud se alzó con tan noble empeño, y al cruzar la multitud, están pidiendo el ensueño de mecer tu plenitud. Son tu belleza y tu bien, encrucijada de asombros, y van en el firme sostén que te brindaron sus hombros la gracia de tu vaivén. Poderosa en el encanto de tus anhelos divinos y transida de quebranto vas por tus nuevos caminos bajo horizontes de llanto. La congoja de tu tez que en la noche desconsuela es alta, sin altivez, cuando por esta plazuela pasas por primera vez. El Cristo que está en la Cruz con sus inmortales trazos del agua de tu arcaduz, toma chorreros de luz y se refleja en tus brazos. Y la Paz y los Dolores, tras de férreos canceles, se unen a tus resplandores coronando los claveles con su dos ramos de flores. Madre querida, al pisar estas piedras seculares, va tu altar como en un mar, meciéndose al derramar sus efluvios de azahar. Madre de angustias serena templando de amor la pena que se hizo gloria en tu arcano, esplendorosa azucena, jazmín la flor de tu mano. Entre las luces dudosas de la noche y fervorosas plegarias finas e inquietas las flechas de las saetas van a clavarse en tus rosas. Virgen de Angustias amada podrás seguir tus destinos mas tu presencia, realzada de los contornos vecinos que a una mujer fueran dadas. Por ser contornos divinos, perpetuamente enclavada, la dejarán reflejada los faroles mortecinos, y tras tu marcha pausada por tus nacientes caminos en la limpia madrugada se quedará perfumada la Plaza de Capuchinos. Hace ya muchos años, un día de Besamanos de las Virgen en la Iglesia Conventual de San Agustín, el Hermano Mayor de entonces Manuel Revuelto Nieto, a cuatro hermanos de los más jóvenes: Manuel Salcines López, Francisco Fernández Ruiz, ya fallecido, otro cuyo nombre no me ha sido posible recordar, y yo, recibimos el encargo de subir a los tejados de la Iglesia , pasar a la cúpula de la nave central y ver si por alguna claraboya, era posible dejar deslizarse un cordón del que colgar la imagen de un águila real realizada en plata. El objeto era, que las garras del águila sostuvieran una amplísima tela de moaré morado, de las mucetas, para ponerle fondo adecuado a la imagen de Nuestra Señora, que estaba situada exactamente debajo de la cúpula. Cuando llegamos arriba y penetramos en la cúpula precisamente nos encontramos conque había que saltar sobre la bóveda, que estaba bastante retirada, y desde allí tratar de buscar algún hueco por donde dejar pasar el cordón. Toda la parte interior de la bóveda estaba con una cuarta de polvo, pues debía hacer muchísimos años que nadie había estado allí. Manolo Salcines que iba delante, se dispuso a saltar, yo lo seguí y en décimas de segundo lo agarré por el cuello y tiré de él hacia atrás impidiendo que saltara. El motivo era muy simple, entre el suelo polvoriento yo estaba viendo una luz vacilante. Una luz milagrosa sin ningún género de dudas, porque en el mismo instante en que nuestro hermano Manolo iba a saltar, alguien, no sabemos quien, estaba encendiendo abajo las velas que encuadraban a la Virgen de las Angustias, dispuesta para su Besamanos. Y yo tuve la oportunidad de ver aquella luz, por la sencilla razón de que el suelo recubierto de polvo, era de cristal. Sin aquella luz providencial, nuestro hermano se habría estrellado sobre el suelo de la Iglesia , cayendo de más de treinta metros de altura. Querido Hermano Mayor: cumplí con tu mandamiento, el que otorgó el honor de vivir este momento, no supe hacerlo mejor. Pero sé que la Señora dará la intención por buena, pues de toda falta ajena, sabe salir pues y ahora a tí, luz de la vida. Hermosa a no poder más Virgen de Angustias querida, la que a la calle saldrás Coronada y florecida y con Córdoba detrás. Te pido que en la ocasión, irrepetible y suprema en que tu Coronación te alza, te luce y te estrena, que nos des tu bendición. Yo sé de un mundo negado donde se ha afincado el mal en la furia universal de denegar lo sagrado, en el cristal empañado donde todo lo que es celestial no haya reflejo adecuado. Pero mi parte espiritual sabe que tu rostro amado nos será transparentado con resplandor sin igual, y que él nos habrá salvado para una dicha inmortal; como en el ejemplo dado de aquel cristal empolvado y tu luz bajo el cristal.
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