FORMACIáN
 

EL SIGNIFICADO DE SER COFRADE (Boletón de Septiembre de 2010)

Queridos cofrades de Nuestra Señora de las Angustias y hermanos en Cristo:

Comenzamos a partir de este boletín un nuevo apartado dedicado a la formación cristiana, de todos nosotros, como parte del Plan de Formación que para este nuevo curso queremos emprender en la Hermandad.

Agradezco en primer lugar la confianza puesta, sin merecimiento alguno, sobre mi persona, por nuestro Hermano Mayor, para la difícil y tan necesaria tarea que nuestras Reglas encomiendan a esta rectoría, que no es otra que la de formarnos para hacer de todos nosotros hombres y mujeres verdaderos cofrades, buenas personas, auténticos cristianos, honrados ciudadanos, y profesionales responsables; combinando la cera y la catequesis, el costal y la calidad humana, la estética exterior de la cofradía y la salud interior de los penitentes y costaleros.

En esta primera carta se pretende recordar el sentido real de lo que significa ser cofrade, y el porqué realmente existen las Hermandades y Cofradías (HH. y CC.).

Las HH. y CC. atendiendo a sus fines “son instituciones de naturaleza religiosa, de marcado sabor religioso y eclesial. Así ha sido a lo largo de la historia. En nuestro caso, han sido para muchos creyentes cordobeses camino de santificación, estímulo para amar más a Jesucristo, a la Iglesia y a sus hermanos” (CPHCC, 6).

Las HH. y CC. nacieron como asociaciones gremiales y religiosas dedicadas a dar culto a Dios en la imagen visible e indivisible de sus titulares y del hermano necesitado. Culto auténtico: adorar al Señor en espíritu y verdad, con los labios y con el corazón sin caer en lo denunciado por el mismo Jesús: “Este pueblo me reza con los labios pero no con el corazón” (Mt 15,8)

Culto interno antes que culto externo. El culto interno es lo primero, esencial y necesario; sin él no tiene sentido ninguna manifestación externa de fe. Fiel a esta identidad, la misión de toda hermandad se concreta en tres cosas esenciales: Oír la palabra de Dios, celebrar los sacramentos alimento de la vida cristiana y practicar la ayuda mutua y la caridad entre sus hermanos conforme al modelo y la forma de Jesús. Ese es el espíritu que inspiró a las HH. y CC. y el que las ha mantenido vivas a lo largo de los siglos. Ya que “la fe sin obras es palabrería. El culto sin fe se convierte en teatro. La caridad sin culto es filantropía. La comunión vaciada de su contenido teológico es pura organización humana, es política” (CPOS).

Las HH y CC son asociaciones de fieles mayormente laicos. Pertenecer a ella es una opción libre y voluntaria que dota de unas vivencias religiosas, unas prácticas devocionales y una relación más o menos profunda, según la implicación personal de cada cofrade, con la Iglesia y con los sacramentos.

Las HH y CC forman parte de la Iglesia y en el seno de ella colaboran en la construcción de un mundo inspirado en los valores del Reino de Dios: la paz, la justicia, la vida y la verdad.

¿Qué es por tanto un cofrade?. Cito a nuestro anterior Obispo, D. Juan José Asenjo, en la Carta Pastoral que nos dedicó, “un cofrade es un cristiano que acepta y vive el mensaje del Evangelio y el estilo de vida propuesto por la Iglesia, tanto en su vida familiar como en su vida profesional, social y religiosa; un cofrade es un cristiano inserto en su parroquia, que participa en la Eucaristía dominical, se alimenta con los sacramentos y colabora en las actividades e iniciativas de la Diócesis y de su comunidad parroquial; un cofrade es un cristiano que en su vida pública no oculta su condición de cristiano, sino que la muestra con alegría y convicción; un cofrade es un cristiano que vive el amor cristiano y la fraternidad y es sensible a los problemas y necesidades de sus hermanos” (CPHCC, 21).

Todo esto que nos hace común a todos los cristianos, los cofrades lo vivimos con una finalidad principalmente cultual (buscamos sobre todo “promover el culto público”: CIC 298 § 1, 301 § 1), mediante los Cultos a Nuestros Sagrados Titulares, principalmente por medio de la Eucaristía en septenarios, triduos y las misas de Hermandad o dominical; y por supuesto mediante la Estación de Penitencia, la cual debe ser un momento privilegiado para la oración, la reflexión, y el sacrificio en silencio; contemplando la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Es un momento central de la fe de la Iglesia. Por eso, es tan importante que, además de en la Estación de Penitencia, asistamos y participemos, en la medida de lo posible, en los oficios del Triduo pascual (Jueves Santo, Viernes Santo y Domingo de Resurrección).

Y es esta religiosidad popular propia de las hermandades con las que el Pueblo de Dios pone de manifiesto y expresa sus sentimientos religiosos y sus vivencias cristianas más profundas; religiosidad que nace con el cristianismo mismo y que en algunos casos, con su intuición, se ha adelantado, por ejemplo, a la proclamación de los dogmas marianos.

Y ese “poder de convocatoria y su forma de expresar los sentimientos religiosos, han hecho de las Hermandades y Cofradías durante siglos uno de los cauces importantes para la fe de nuestro pueblo, y han hecho realidad en muchas gentes las palabras de Jesús: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes y se las has revelado a los pequeños»” (CPOS, 25). Es más, tal como nos detalla nuestro anterior Obispo, D. Juan José Asenjo, en el Saluda que nos dedicó al Catálogo de la Exposición Fe, Historia y Patrimonio, que nuestra Hermandad llevó a efecto en la Iglesia de San Agustín: “El arte cristiano ha sido siempre la Biblia en piedra con la que el pueblo cristiano aprendía las verdades fundamentales de la fe. El arte religioso ha sido a lo largo de la historia de la Iglesia una vía privilegiada de pedagogía de la fe, una pedagogía que ha contribuido eficazmente a formar comunidades vivas, unidas por la fe, la esperanza y la caridad, algo que a esta hora, en que todos hemos sido convocados a una Nueva Evangelización, hemos de tratar de recuperar”.

Y todo esto, siendo muy importante, nos da a los cofrades una gran responsabilidad en estos momentos en los que los valores, la fe, la familia, el valor de la vida… cotizan a la baja; en estos momentos en las que las HH. y CC., especialmente en el culto externo pierden los valores religiosos en aras de nuevos valores como la autoafirmación de la cultura propia, los valores artísticos y sociales, lo lúdico y lo festivo.

Y es en estos momentos de secularización a los que asistimos “la piedad popular ha amortiguado los efectos nocivos de esta. Sin embargo, hay que seguir trabajando” y formándonos “para preservar la fe de desviaciones secularistas y de la tendencia latente que reduce la religiosidad popular a mera expresión cultural” (CPHCC, 10).

Y por tanto tenemos que ser apóstoles valientes y dar testimonio y hablar claro, nos lo pide nuestra madre la Iglesia , tal como nos dice José León-Castro Alonso en el primer número de la revista cofrade «Diecisiete» : “¿O es que a la Iglesia no le preocupan las consecuencias de la cada vez mayor facilidad para las separaciones y divorcios, el aborto, las técnicas de fecundación artificial, la investigación con células madres embrionarias, la persecución y desprecio por la formación religiosa en la educación escolar, los matrimonios interconfesionales, la unión libre de sexos, el control burocrático de las adopciones y demás agresiones a nuestro credo?...No son las leyes la únicas que operan estos cambios sociales sino también, y muy especialmente, la relajación y el conformismo de todos, que propicia que aquellas se acomoden a la dúctil conciencia de los hombres hasta llegar a aceptar incluso nuevos y antinaturales modelos de convivencia…Y lo cierto es que los católicos no hemos calibrado muchas veces que lo que la ley civil no persigue o no castiga, no siempre habrá de ser legítimo”.

Por último hay dos temas más de importancia vital para un cofrade: en primer lugar el servicio a los pobres, “el cristiano cofrade no puede ser insensible a los dolores, carencias y sufrimiento de su hermanos. Todo lo contrario, ha de vivir con los ojos bien abiertos a las necesidades de los más pobres. La comunión con el Señor y el culto a las imágenes de nuestros titulares ha de llevarnos espontáneamente a vivir la comunión con aquellos hermanos nuestros que han quedado en las cunetas del desarrollo y que son imágenes vivientes del Señor” (CPHCC, 17).

En segundo lugar, la unidad en el seno de las Hermandades, “un valor importante a cultivar en el seno de cada Hermandad es su unidad y cohesión… las divisiones y personalismos son siempre un antitestimonio, un descrédito para la Iglesia y un freno a la evangelización” (CPHCC, 17). Además perdemos eficacia, escandalizamos y damos motivo a los demás para criticarnos, y por tanto no hacemos honor a nuestro nombre de Hermandad dentro de la Iglesia de Cristo y su amantísima Madre.

Para terminar y a modo de resumen citaré de nuevo a nuestro anterior Obispo D. Juan José Asenjo Pelegrina en su encuentro con los hermanos mayores y consiliarios el 26 de enero de 2008: “Las Hermandades y Cofradías no son solamente el recuerdo de un pasado glorioso y brillante. No son meras instituciones culturales, ni una especie de "piezas de museo" para admirar con nostalgia. No son tampoco bellas expresiones del folclore religioso para adornar o complementar nuestras fiestas litúrgicas. Las cofradías son una realidad viva, que la Iglesia desea mirar con confianza y esperanza, porque han contribuido a conservar la fe sencilla de nuestro pueblo, han resistido a la secularización y hoy son un freno y un antídoto que impide que se reseque el humus cristiano de nuestro pueblo”

Antonio Valdenebro de la Cerda

CPHCC ---Carta Pastoral Hermandades y Cofradías de Córdoba. Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Juan José Asenjo Pelegrina (febrero de 2005).
CPOS --- Las Hermandades y Cofradías. Carta Pastoral de los Obispos del Sur de España (12/10/1988).
CIC --- Código de Derecho Canónico