La obra de Juan de Mesa

JdM-GranPoderLa fama de Mesa se debe a la maestría en la interpretación de la Pasión de Cristo, resumiéndola en iconos de extraordinario impacto en el sentir religioso del pueblo católico. El tipo del Crucificado o del Nazareno creado por Juan de Mesa se mantiene todavía vigente al cabo de casi cuatro siglos. En la captación de la idea que Mesa va a plasmar en sus expresivas tallas hay mucho de temperamento personal, pero creemos que también es fundamental la relación del autor con los jesuitas. La Compañía es una orden joven, nacida en el ambiente que genera el Concilio de Trento y pensada para propagar la fe en el más estricto servicio al Papado. El arte de Mesa, más humano, más sensitivo que el de Montañés, aportaba unos matices de realismo que eran interpretados como novedad, lo que hoy hubiéramos tenido por vanguardia. Era una forma de transmitir el mensaje religioso que coincidía con los intereses renovadores de la Compañía. Si ésta buscaba nuevas formas para expresar sus doctrinas renovadoras, Juan de Mesa tenía esas formas. Pero no descuidó el escultor la relación con otras órdenes, como los mercedarios, ni con los conventos de monjas, ni con las cofradías, interesadas también en la propagación de la fe de Trento. Ni, por descontado, con las familias pudientes e influyentes, a las que entusiasmó con la fuerza de su plástica: así surge el soberbio Cristo de la Agonía, para el contador real Juan Pérez de Irazábal, o los frascos de pólvora, destinados a la majestad cazadora de Felipe IV, por encargo del duque de Medina Sidonia, señor del coto de Doñana [1].

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La vida de Juan de Mesa

El 26 de junio de 1583 hay anotada en el Libro de Bautismos de la parroquia de San Pedro de Córdoba la siguiente partida: “... fue baptizado Juan, hijo de Juan de Mesa y de Catalina de Velasco su mujer, fueron padrinos Diego de Guzmán y María Gutiérrez Guzmán”. Así comienza la historia de uno de los escultores más destacados del Barroco andaluz y, sin duda, el de más quilates dramáticos en la representación de imágenes relacionadas con la Pasión de Cristo.

Las noticias de su vida son escuetas, como las de quien no quiere hacerse notar. Probablemente Mesa es una persona que se siente a gusto en el ejercicio de su trabajo, rodeado de ayudantes y discípulos en número no demasiado grande y de un grupo de amigos, tampoco demasiado extenso, entre los que se encuentran sin duda clérigos de distintas órdenes y especialmente de la Compañía de Jesús.

El análisis de la firma que hizo en 1983 Nati Reichardt por encargo de Eloy Domínguez-Rodiño nos puede dar una idea de su personalidad: “Su firma parece indicar un carácter muy apasionado e idealista a la vez. Sentido lógico, actividad creadora y respeto por la historia y la tradición. Gran conciencia de su propio valer y un cierto orgullo lógico por ello. Introversión no muy acentuada. Amor al pasado y a la vez originalidad de conceptos. Capacidad de protección y de ayuda a otros. Cierta sensación de sufrimiento, no sé si pasajero o permanente. La gran jota de ‘Juan' sugiere la legítima satisfacción de lo conseguido a nivel personal por su propia obra, en contraposición con la escasa importancia que le da a la eme de ‘Mesa', o sea a su procedencia y entorno familiar” [1].

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