Pregón de la Coronación Diocesana de 1953

Pronunciado por D. Miguel Salcedo Hierro en Radio Córdoba el 1 de marzo de 1953

Respetable auditorio:

Ceremoniosamente, dibujo la trivial frase de mi saludo, en el aire, porque en mi corazón se alzan vocablos con la inmensa gratitud que ya os debo al tener que escuchar mis argumentos simples. Ceremoniosamente, pues, en saludo español, de soldado del tercio, yo abatiré mi pluma, en los versos que os diga, y en mi prosa la voz y el pensamiento todo, todo para vosotros. Mas si viene a mi orgullo la comezón aguda, que así lo provocáis al espíritu inquieto del artista, muy pronto otro sentir me llega y se apodera, rápido, de todas mis potencias el de ver a mi pueblo, congregado al conjuro del nombre sacrosanto de la Virgen María ; repetición tal acto de inmensos actos bellos, en honor de la excelsa Señora de los Cielos, que, en el ardiente Cronos, tiene festividades derramadas por toda la piel cálida y fina de nuestra Geografía católica y severa.

La Virgen de la Estrella, la Virgen del Amor, la Virgen de la Luz, la Virgen del Valle, la Virgen de la Sierra, la Virgen de la Luna. Gritos del Corazón las denominaciones de la Madre de Dios, como también es grito el fervor con que digo mi pequeño preámbulo.

¡Virgen de las Angustias! ¡Tus sienes nacaradas aguardan la dorada presión de tu corona! ¡Tu realeza será levantada de lirios en el maravilloso mes de la Primavera ! ¡Último de tus hijos en méritos, y acaso pudiera ser el primero en decirle mi amor, ese soy yo; por eso, al acercarse el día, en que tomará cuerpo material nuestra idea de ver en tu cabeza cristalizado el oro de nuestra fé, no quiero quedarme sin cantar por si acaso mi copla te hiciera sonreír a través de esas lágrimas que son como las gotas de cera desprendidas del cirio de tu rostro, que se va consumiendo de mirar a la hoguera de amor, que entre tus brazos desmaya sin morir, aún siendo Cristo muerto, corazón de esta Córdoba, con el que tú, fundida, alzas en monumento el conjunto escultórico más notable del mundo!

En el Monasterio de Pedralbes existe un cuadro de Ferrer Basa, titulado " La Piedad ", que constituye una de las más antiguas representaciones artísticas sobre dicho tema. También Fernando Gallegos, ofrece la más patética versión del realismo flamenco-germánico cuatrocentista, con su "Piedad" que se conserva en la Catedral de Salamanca. Una de las muestras más evidentes del influjo holandés en la pintura andaluza de fines del siglo XV, es la "Piedad" de la sacristía de los Cálices de la Catedral de Sevilla, obra de Juan Núñez.

Estas muestras del arte español en el grandioso tema, como la de Bermejo, de la Catedral de Barcelona; la de Joly en la Iglesia de San Pedro, de Teruel; la de Morales de la Academia de San Fernando, de Madrid; la de Gregorio Hernández, del Museo de Valladolid; así como las de Rivera, Juan de Juní y Alonso Cano, tienen la soberbia presentación de unos nombres geniales, que avalan su propia obra. Tal vez por eso, la pequeña y humilde "Piedad" que se pintó en Córdoba, quizás cuando la egregia figura de Colón pedía a los Reyes Cristianos permiso para entregarles el Mundo, y la Reina oraba ante el Santísimo Cristo de la Merced, tal vez por eso, repito, el nombre del autor de este emotivo cuadro no haya llegado hasta nosotros; pero sí sabemos que el lienzo representativo de la " La Piedad " estaba en el Convento de San Agustín de Gracia, el año 1558; ya que en ese tiempo se constituyó la Cofradía para venerar la obra mencionada. Sólo pasó que aquí se agigantó la Piedad ; no eran ya el Dolor y Conmiseración quienes conjugaban el verbo sublime y a quienes había que adorar en sentido religiosos; era el sentimiento agudizado, tal vez por la influencia, un tanto exagerativa de nuestra región:Andalucía había de ser más que nadie. ¡Y lo que en Castilla se denominó por sentido estático del Dolor, "Piedad", en la antigua Iglesia cordobesa se llamó, por imperativo dinámico de la Pena, Angustias! ¡ La Hermandad de la Virgen de las Angustias había empezado a vivir!

Y hay luego, una ingenua leyenda sobre la Virgen de las Angustias, que vino a Córdoba en una borriquita... La leyenda se quiebra como figurilla de cristal... Y yo contribuyo a borrarla porque la realidad es mucho más bella; tanto que merecía ser leyenda. En 1626 la Hermandad comisionó al agustino Padre Suárez de Góngora para que encargara al escultor Juan de Mesa, discípulo de predilecto de Martínez Montañez el tallado de un grupo escultórico. Cordobés Juan de Mesa, trabajó en la obra con tanto afán que la terminó enseguida. Es decir no la terminó, porque según su testamento le quedaban tres días de trabajo cuando fue llamado al Seno del Señor, el 26 de noviembre de 1627.

No tengo más remedio que dejarme sorprender por el "fetichismo" literario de aquellos años: 1626, 1627 y 1628. NO sé por qué, y perdónenme los técnicos porque se trata de una impresión imaginativa, he creído siempre que aquel que escribió "La dulce boca que a gustar convida"..., como principio del clásico soneto, o el "Ándeme yo caliente" y "La hermana Marica", a guisa de explosivo picara de letrilla juguetona, es decir, el Arcediano Don Luis de Góngora y Argote, no debió andar muy lejos de aquel encargo. Quizás el ilustre poeta, que un poco desengañado de la Corte, harto de pelearse con Lope de Vega, quien procuraba guardarle el debido respeto, por miedo a su mordacidad, vivía ya en Córdoba, terciara en aquel asunto, a la venerable sombra de las palmeras del Patio de los Naranjos y colaborara a realizar el encargo de la talla. Góngora debió haber sido amigo de Juan de Mesa. Sus artes, individualmente, acusan cierto parecido.

Por eso no puedo evitar nunca un estremecimiento cuando caigo en la cuenta de que la Virgen de las Angustias llegó a Córdoba un año después de que Góngora muriera, y así, se quedó privada de su mejor soneto y de su primer piropo.

El Papa Alejandro VII, concedió a la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias toda clase de privilegios e indulgencias, dándole con ésto la denominación de "Pontificia". Corría el año 1664..., 50 años más tarde el Marqués de Villaseca le erigió la actual Capilla. y otro siglo después, en 1808, cuando el ejército de Dupont aplastó a los paisanos cordobeses en Alcolea; cuando los "garrochistas", centauros de redecilla en el pelo, chupa de estezado, calzona de caireles y polaina abotonada, de fino ante, terciaban la manta jerezana, y de cada madroñera colgaban un suspiro de reja en flor, distinta cada día cuando el anciano Pedro Moreno salió al balcón de su casa de Borja Pavón disparando su bocacha sobre el General francés, matándole el caballo e hiriendo al edecán que marchaba a su lado; cuando todo era confusión y desorden, y el viejo convento de San Agustín se vio invadido por las tropas de Napoleón, la Virgen de las Angustias fue cambiada de residencia. Y al decir del "Correo Literario" que era el periódico cumbre de la época, diéronle escolta los granaderos franceses, que de esa forma, tal vez, trataron de borrar los espantosos cuadros de infortunio a que dieron lugar con sus hechos anteriores. ¡Es de imaginar aquella triste procesión, llevando a la Virgen de las Angustias a la Parroquia de San Nicolás de la Villa, fuera de tiempo y de lugar! ¡Estoy seguro que sus lágrimas serían más constantes y más amargas; sin sus hijos españoles-cordobeses, rodeando las andas, portándola como éxtasis de amor! ¡Nada predeciría un viernes o un jueves santo de un siglo después! ¡Y sin embargo, la Virgen de las Angustias iría como siempre siendo la encarnación de la gracia plena! ¡Fundamento y piedra angular del "Ave María" que Hernando del Pulgar clavara sobre el pórtico de la Alhambra con su puñal damasquinado! ¡Tan dentro de esa celestial universal oración que su poema de dolor es como expresado por la imagen! ¡Ave María de las Angustias! ¡Amor de los amores! ¡Ave María! ¡Para tí, Reina del Cielo, vaya esta glosa de la Salutación del Angel!

La noche del Jueves Santo

te ofrece lirios y rosas.

En tus manos milagrosas

va la razón de tu llanto,

y tu rostro puro y santo,

luminoso como el día,

en su angustiada agonía

recuerda, mirando al Hijo,

cuando San Gabriel, te dijo:

que DIOS DE SALVE MARÍA.

Y es que tus lágrimas bellas

forman ardiente derroche,,

y es que en la luz de la noche

se convierten en estrellas,

y es que alimento son ellas

donde tu dolor se sacia,

y es que te alfombra la acacia,

trenzando su flor menuda

para tu planta desnuda

porque LLENA ERES DE GRACIA.

Luminosos son tus ojos,

tu rostro nácar y seda,

y en tu sonrisa se queda

la flor de tus labios rojos.

Al verte, puestos de hinojos,

te rezamos al abrigo

de tu corazón amigo;

y tu beldad peregrina

no extraña, pues es divina,

porque EL SEÑOR ES CONTIGO.

Madre de angustias que llevas

junto a rosal tan antiguo

un delicado y exiguo

perfume de rosas nuevas,

al Cielo la vista elevas

porque de la tierra mueres,

y el sufrimiento que quieres

llevar como en holocausto

lo da Dios, y es dolor fausto

porque BENDITA TU ERES.

Bendita por la ilusión

que a todo el mundo derramas,

bendita porque nos amas

con todo tu corazón,

bendita por la emoción

angustiosa que te infieres;

bendita porque te hieres

buscándote la amargura,

y bendita tu figura

ENTRE TODAS LAS MUJERES.

Córdoba entera te adora,

¡ay Virgen de las Angustias!

y cambia tus flores mustias,

por flores frescas de ahora.

Para tan dulce Señora

no creo que en su pecho encuentre

un grito que más se adentre

en tu alma pura, que el grito

de el ángel, que era: Y BENDITO

ES EL FRUTO DE TU VIENTRE.

JESÚS.

¡Cristo muerto! ¡El fruto bendito de tu vientre! ¡Cuando los almendros florecieron treinta y tres veces, y el sándalo se prodigaba a los pies benditos y los cedros bajaron del Líbano cruzados de estigma y maldición, el fruto bendito de vientre, tronchado, inerte, quieto, volvió a tu regazo transfigurado! ¡Y fue entonces cuando Juan de Mesa, que no tuvo más remedio que estar rezando, cuando pensó en la imagen de Cristo que había de estar yacente sobre tus rodillas llagadas de implorar, tomó la gubia, signó de agua bendita la santa madera y empezó a labrar! ¡Y qué ternura y qué pasión, y qué hondo recogimiento de las horas de artista místico, en la contemplación de la obra que surgía! ¡Y qué lágrima, para colocarla en la palidísima mejilla sin vida! ¡Y qué púrpura oscuro para salpicar los benditos miembros y las sienes laceradas! ¡Y qué primor en el acariciamiento de las venas que resaltaban y de os huesos que se hundían! ¡Qué amor pondría el imaginero, que por lo que quiso a su obra predilecta, Dios le dio el premio de guardarse, para sí, en la gloria, la tabla de su espíritu, que era inmensa y genial!

Entre los intersticios del muro requebrado,

surgiendo entre la hiedra, cada flor se levanta;

el huerto del convento tiene un rosal plantado,

que se cubre de rosas por la Semana Santa.

¿Qué encanto misterioso tiene el huerto sencillo?

¿Qué espíritu lo inunda de un invisible arcano?

El crepúsculo pinta las tapias de amarillo

y queda un claroscuro dulce y dominicano.

Paz en la octogonal alberca donde fragua

un rezo sempiterno la linfa estremecida;

oración que se lleva, con sus ondas, el agua

para que en las acequias corra también la vida.

Paredón ahuecado, cuyos lienzos son nidos

para unas golondrinas que empiezan a llegar,

galería de viejos maderos carcomidos

en los que las palomas aprenden a volar.

¿Qué tienes tú, di, huerto callado, silencioso,

cuando Marzo desmaya, para entregar su flor?

¿Qué brota en tu recinto? ¿No es algo milagroso

ese tibio perfume, suave aroma de amor?

Porque es amor, no hay duda, tu esperanza reposada

es la Reina del Orbe, que de su camarín,

sale a su Septenario, no vuelve a su morada,

y escoge como albergue tu pequeño jardín.

Los días que preceden a la anual salida,

en un rincón del huerto, se va erigiendo el "paso"

la Señora se eleva, y a sus plantas, tejida

en cristales y plata, sobre un fondo de raso,

se humilla la soberbia de la candelería,

mientras que del afecto de piadosos hermanos

va armándose la inmensa joya que se diría

que es colosal ofrenda de orfebres y artesanos.

¡Porque es joya su "paso"; porque no es "paso"; es trono!

¡Trono de una riqueza, rotunda y deslumbrante!

sobre el que ella, mujer al cabo, tiene un tono

de excelsa aristocracia, divina y arrogante.

Durante varias tardes toma forma la idea

y al fin queda el conjunto para el desfile expuesto,

el grupo de cofrades detiene su tarea

y queda contemplando la imagen en su puesto.

¡Y entonces una voz rasgada rasga el aire

y con un rudo acento de amor y de dolor

esboza una saeta cuajada de donaire

y un sombrero le hace redoble de tambor!

¡Volvamos la cabeza! Ved al viejo gitano!

¡Parche es la negra copa! ¡Castañuela su mano

con el lento repique de una sentencia fina!

¡Como suena ese tercio que, casi se adivina,

porque como las lágrimas diluyen su tensión

y la dulce congoja le cierra la garganta,

y ya cantar no puede, ¡canta su corazón!

¡Y entonces es de veras cuando el gitano canta!

He puesto de modelo al gitano viejo y popular porque su "saeta" tiene un valor tradicional que hay que llevar a la exaltación. No creo que sea, como él mismo dice, con zumbona gracia, el personaje real que inspiró a Carlos de Luna su poema sobre "la taberna de los tres reyes", en la que, según el poeta "hay un gitano viejo, gordo y esparpitao" ¡No! ¡Si lo saco a colación es por lo que tiene de "parte de pueblo", por no decir de "voz del pueblo". Esa saeta que él canta, es la misma, que, días más tarde, cuando ya está la Virgen en a calle, cruzará como una alondra en dirección al techo del palio, donde estoy seguro que se quedará, y para dejar sitio a otras saetas que lleguen después, bajará su cantidad de sonido a la mínima expresión y, para evitar que su eco entorpezca la labor de las saetas siguientes, se refugiará en las campanillas de oro que van colgadas de lo flecos del palio, lo mismo que azucenas pequeñitas que quisieran recubrir de oro, la candelería volcando el polen! ¡Y se irán haciendo el son según el dicho popular! ¡Ese son que mientras vibra la saeta lo hace el sombrero del viejo gitano o los tambores que encabezan el cortejo, el acompasado ritmo de las pisadas de los costaleros o el repique de plata seca de las varas de mando de los hermanos, el regatón de los cirios o el "ora poro nobis" de la letanía! ¡O los corazones! Porque cuando pasa la Virgen de las Angustias y una voz recia de hombre, le dice:

¡Porque no saben quererla

de Angustias lleva su llanto,

siendo su rostro la perla

más bella del Jueves Santo!

¡Que baje Córdoba a verla!

O cuando es una mujer, la que con orgullo le canta:

"Como un brote de jazmín

donde el dolor dejó trazos,

sale de su camarín,

con la luna entre los brazos,

el sol de San agustín"

¡En la calle se hace el silencio! ¡Y el ritmo lo lleva cada corazón! ¡A ese ritmo lo lleva cada corazón! ¡A ese ritmo va la pena que ponemos al pie de la imagen! ¡Y en la noche en flor, Madrugada del Viernes Santo, tu saeta lleva un fondo de corazones!

Madrugada del Viernes Santo!

¡En la que llegas Tú!

Digo Tú... perla adorada,

porque, mira si te quiero,

que mi sangre derramada

sería recompensada

con contemplarte primero.

Digo Tú.., porque tú eres

Señora, la Madre mía

porque sé cuanto me quieres;

porque eres bella a porfía

entre todas las mujeres!

¡A ti no te puedo hablar

con religioso temor;

a ti te tengo que dar

mi vida para tu amor,

mi corazón para altar,

mi fe para tu consuelo

y mi voz para tu canto,

cuando desciendes del Cielo

y es girón del Jueves Santo

tu manto de terciopelo!

¿Quién podría discutir

que eres la Virgen más bella?

¡Cómo poder discurrir

si eres dolor o eres estrella,

bajo el cielo de zafir?

¡Yo he visto tu procesión

desde el interior a afuera!

¡A través del capuchón

donde una monja pusiera

bordado tu corazón!

¡Silencioso y escondido,

tu insignia sobre mi capa!

¡Y vuelto a mirarte, he oído

cómo te llamaban guapa

todo un pueblo estremecido!

¡Y eres guapa porque así

Dios quiso, al hacerte a Ti

la más guapa de la tierra!

¡Qué hermosura te daría,

que para estrechar los lazos

que tu corazón pedía

hizo bella tu agonía

con Cristo muerto en los brazos!

¡Y de tu dolor sin fin

arrancó las flores mustias

para darle a tu jardín,

ay Virgen de las Angustias,

lirios de San Agustín!

¡Lirios de San Agustín ceñirán pasado mañana tu frente! ¡Lirios llamo yo a las blancas manos de Fray Albino, nuestro prelado, que por destino inapelable del Cielo será un lazo más de unión entre tu culto y la prestigiosa Orden de Predicadores! ¿Lirios de San Agustín al elevar tu hermosísima corona para suspenderla sobre la gracia triunfal de tu cabello, y dejarla caer, amoroso, cuando el incienso arome tu rostro, y el órgano se deshaga en torrentes de armonía, y las palomas revuelen en torno a la torre, y las campanas sigan la trayectoria de las palomas! ¡Lirios de oro, dulcemente entretejidos en la obra de arte, ensueño de una vida de artista de Manuel Mora y soberbia realización de otro, tal como Ricardo Anaya la refleja en el cartel de Semana Santa de este año, a su paso por la Fuenseca ! ¡Lirios..., lirios.., lirios!

En la Iglesia, y en el Cabildo, y en el patio del convento, y en las manos de la Madre, y en el cuerpo yacente del Hijo!

¡Ay Virgen de las Angustias! ¿Qué será este año tu paso por las calles cordobesas, cuando, sin corona, ya no cabía tu grandeza y tu esplendor? ¿Qué saetas te dirán los labios trémulos, qué piropos, que versos, qué cantares, qué susurros el agua, qué flores los jardines? Poco hemos de vivir para contemplarte; si supiéramos que estaba cerca la liberación de nuestra envoltura terrenal, fecha luctuosa en que los miembros rígidos se modelarán bajo la flexibilidad de nuestro hábito de nazareno, rezaríamos así: ¡Señor, danos de vida un poco más! ¡Lo suficiente para contemplar a tu divina Madre, en su Angustia, coronada como Reina auténtica y verdadera! ¡Lo preciso para verla pasar por las calles de Córdoba, majestuosa, deslumbrante! ¡Y ahora, Señor, te doy gracias, gracias fervorosas, por haberme concedido vida para hacer a tu Madre esta copla, que fue anunciada como Pregón!