La presencia de la comunidad agustina se documenta en Córdoba por primera vez en el siglo XIII y ya en el segundo tercio del siglo XIV se asientan en la collación de Santa Marina, donde construyen el convento y la iglesia de San Agustín en el que permanecen hasta su exclaustración en el verano de 1835.

Según Aranda Doncel durante toda la edad moderna esta orden ocupa un lugar relevante entre las distintas comunidades religiosas de la ciudad, tanto por el elevado número de frailes como por el importante papel que desarrollan en el plano espiritual y cultural. De forma directa o indirecta, la presencia de los agustinos dejó para la posteridad dos de los mayores tesoros que hoy tenemos la suerte de contemplar: el grupo escultórico de Nuestra Señora de las Angustias y la incomparable iglesia de San Agustín.

 

Altar mayor

Inicialmente la traza de esta iglesia era totalmente gótica y su nave central la de mayor anchura de cuantas se construyeron en esa época en Córdoba. Las naves laterales, adinteladas, eran más bajas que la central. A finales del siglo XVI comenzó una época de mejoras continuas y bajo la dirección del Prior de los agustinos Fray Pedro de Góngora (quien concertó en nombre de la hermandad el contrato con Juan de Mesa para la realización de la Virgen de las Angustias) la primitiva iglesia gótica adquiere la exuberante apariencia barroca que hoy podemos admirar. El mismo Fray Pedro firma a su manera la finalización de las obras con la inscripción “F P DE G 1633” que hoy se puede observar sobre la puerta principal de la iglesia.

La descripción completa de San Agustín es una materia difícilmente abarcable en estas páginas pero se intentará resumir lo más destacado de la decoración escultórica y pictórica de la iglesia y, sobre todo, el mensaje que transmite. San Agustín es ciertamente una obra planeada con dos grandes fines: el puramente estético y el doctrinal, ya que enseña el camino para la salvación del alma a quien esté dispuesto a aprenderlo.

Decoración escultórica

La primera visita a San Agustín causa en todas las personas la misma sensación: una profunda impresión ante la belleza del templo y, una vez superada, la admiración por la profusa decoración que lo recubre.

Sobre el mismo cancel de entrada se puede observar una mujer sentada que sostiene un libro con la tiara pontificia en un brazo y una cartela en el otro, y a ambos lados de la mujer sendos ángeles sostienen un báculo coronado con una cruz papal y unas llaves. Esta figura es la personificación de la Iglesia: matrona que sostiene las Escrituras, base de la autoridad del Sumo Pontífice. En esta misma zona se encuentra la firma de Fray Pedro de Góngora anteriormente comentada.

Siguiendo la nave central, dispuestas en grupos de cuatro (dos en cada arco) y de derecha a izquierda según se entra a la iglesia, representaciones de las virtudes cristianas esperan al visitante:

  • Simplicidad con una paloma y un cordero en las manos, y la Concordia con una bandera blanca. Frente a ellas la Penitencia en actitud de azotarse y la Piedad (la Religión), representada con un libro en la mano y un cetro culminado por un sol en la otra. Son todas virtudes adquiridas, alcanzables mediante la autodisciplina, y el primer paso en el camino de la perfección cristiana.
  • La Prudencia, con una careta de hombre en la parte trasera de la cabeza, y Justicia, con velo dorado. En frente la Templanza, con un freno o bozo, la Fortaleza, con casco y escudo. Son las virtudes cardinales, fundamentales para el cristiano y segundo paso en el camino de la perfección.
  • La Caridad, con un niño y un corazón llameante, y la Esperanza, quien sostiene un ancla sobre sus rodillas. La Verdad porta un libro abierto y levanta un sol resplandeciente con el brazo izquierdo, mientras que la Fe muestra un cáliz y una cruz. Se trata de las virtudes teologales acompañadas de la Verdad, para completar el número de cuatro. Son el tercer escalón en el camino del cristiano y su adquisición solo podrá lograrla quien haya preparado su espíritu mediante la práctica de las virtudes anteriores.
  • Finalmente aparecen la Vigilancia y la Sabiduría, que es una mujer con un libro abierto que porta una vela encendida. Frente a ellas una alegoría de la Gloria (la Fama), representada mediante un ángel trompetero, y la Liberalidad (entendida como Generosidad) con una cornucopia.

De esta manera, el visitante que recorra el camino comprendido entre la puerta de entrada y el presbiterio se encontrará en los muros de la iglesia con el camino que lleva al triunfo final del cristiano y la entrada en la gloria: la práctica de las virtudes morales y teologales.

Si bien el altar mayor anterior fue destruido la noche del 18 al 19 de julio de 1936, fue reedificado en madera y escayola siguiendo sus trazas. En uno de los retablos que flanquean el tabernáculo se encuentra una imagen de San Agustín que, dada la coincidencia estilística con algunas obras documentadas, ha sido atribuida por los expertos a la gubia de Juan de Mesa.

En los laterales del presbiterio hay estatuas policromadas de San Silverio y San Gelasio (Papas santos), acompañados por pinturas de los Santos Caballeros: Santiago el Mayor, San Juan de Mata, San Pedro Nolasco y San Jorge.

Además de los motivos principales, existen numerosos elementos escultóricos que a modo de exorno los acompañan: hojas, flores, frutas y guirnaldas,  figuras mitológicas o fantásticas como las que sustentan la tribuna que recorre la nave central (grifos, atlantes, etc.), mujeres aladas que extienden en círculo sus mantos como símbolo de la bóveda celeste, cabezas de león y arpías sujetando las galerías, etc. También hay una gran profusión de símbolos de las órdenes agustinas y dominicas.

Decoración pictórica

De entre todos los elementos pictóricos de la iglesia, uno de los más espectaculares es sin duda el sotacoro, dedicado íntegramente a la Inmaculada Concepción que ocupa la parte central.

En el arranque del sotacoro, junto a la puerta, se encuentra la inscripción SPVSSSVPERVENIENTINTE (Spiritus Sanctus superveniet in te o “El Espíritu Santo vendrá sobre ti”, que corresponde al Evangelio de Lucas 1,35). Justo en el lado opuesto se representa un versículo perteneciente al Génesis: IPSA CONTERET CAPVT TVVM (Ella te aplastará la cabeza). Ambas inscripciones tratan de destacar la concepción de María por la intervención del Espíritu y la victoria sobre el pecado por antonomasia. Y sobre estas dos notas, desarrolla Cristóbal Vela su magnífica obra.

La bellísima Virgen, que se eleva sobre la luna rodeada de querubines, muestra un rostro adolescente y los párpados bajos en signo de humildad. A sus pies ocho ángeles portan símbolos marianos mientras que alrededor de Ella, en cuadros separados, se disponen los atributos de la Inmaculada en tres grupos:Inmaculada del sotacoro

  • Pasajes alegóricos, situados a los lados de la Virgen:
    • Un templete (Templo del Espíritu Santo, I Corintios, 6,19), una paloma blanca (Única es mi paloma, Cantar de los Cantares, 6,9), un rosal blanco (Rosa sin espinas) y un espejo (Espejo sin manchas, Sabiduría, 7, 26).
    • Una zarza ardiendo (Éxodo, 3), una viña (La vid echará sus brotes, Cantar de los Cantares, 7,13), el sol (Escogida como el Sol, Cantar de los Cantares, 6, 9) y una fuente (Fuente del jardín, Cantar de los cantares, 4, 15)
    • Un jardín vallado (Ortus conclusus, Cantar de los Cantares, 4, 12), un pozo (Pozo de agua viva, Cantar de los Cantares, 4, 15) y una torre fortificada (Turris David cum propugnaculis, Cantar de los Cantares, 4, 15).
    • Una puerta sobre un monte (Porta Coeli, Génesis, 28, 17), un árbol florecido (Virga Jesse floruit, Isaías, 11, 1), un templo con una gran torre (Domus Dei, Génesis, 28, 17) y una escalera hasta el cielo (Scala Coeli, Génesis, 28, 12).
  • Cuadros de flores, dos encima y dos debajo de la Inmaculada:
    • Iris, que significa “lirio en espada”, en alusión al dolor de la Virgen durante la Pasión de Jesús.
    • Rosal, flor de gran simbología mariana.
    • Azucenas, otra de las flores  de la Virgen.
  • Flores diversas.
    • Árboles situados en los vértices del cuadro de la Virgen:
    • Cedro, símbolo de belleza y majestad, del Señor y la inmortalidad.
    • Plátano, que por sus ramas anchas y altas simboliza la caridad, la firmeza y la superioridad moral.
    • La palmera, que simboliza la victoria.
    • El ciprés, identificado con la muerte y la inmortalidad.

 

En los pilares de la nave central se dispusieron pinturas representando escenas de la infancia de Jesús: Presentación en el templo, Jesús entre los doctores, Adoración de los Pastores y las ofrendas de los Reyes al Niño Dios.  Por su parte, en los costados menores de cada pilar, se representan hasta doce profetas con mensajes mesiánicos: Malaquías, Joel, Jonás, Miqueas, Nahúm, Amós, Zacarías, Oseas, Daniel, Ezequiel, Isaías y Jeremías.

Muy interesante es también la representación pictórica del Credo que recorre el techo de la nave central. En seis cuadros, pintados al óleo directamente sobre el yeso, se representan los distintos versículos del credo escritos sobre filacterias sostenidas por ángeles. En cada uno de los seis cuadros hay dos apóstoles representados de forma muy sencilla y sin atributos.

En los semicírculos que los lunetos trazan sobre el muro se representan parejas de santas, de distintas épocas y origen, pero todas mártires. Según Miguel Ángel Adrián Abad, podrían representar una “procesión” en honor de la Virgen, de forma paralela a la que los profetas trazan en la parte inferior.

En los techos de las naves laterales se representaron originalmente cuadros que relataban los milagros de San Agustín (nave del Evangelio) y de San Nicolás de Tolentino (nave de la Epístola), si bien algunos se perdieron y su espacio se aprovechó para situar una inscripción del Padre Muñoz Capilla que relata la invasión francesa y la posterior victoria española y la recuperación del templo.

En las bóvedas laterales, en los espacios que dejan los nervios góticos, se representan ocho santos agustinos: San Nicolás de Tolentino, Santa Mónica (madre de San Agustín), San Guillermo de Aquitania, Santa Clara de Montefalco, San Juan de Sahagún, Santa Rita de Casia, Santo Tomás de Villanueva y Santa Perpetua. 

Las pechinas que sustentan la bóveda central incluyen a los Padres de la Iglesia de Occidente: San Jerónimo, San Ambrosio, San Gregorio Magno y San Agustín. En el interior de la bóveda se pintan los cuatro evangelistas junto con los emblemas de San Agustín (mitra, templo y corazón inflamado). El centro lo ocupa un ángel y toda la bóveda se halla repleta de motivos decorativos. Sobre los arcos que sustentan la bóveda se representa la Asunción de la Virgen y la Ascensión de Cristo, por lo que toda la composición pareced girar en torno a la idea de lo ascensional y celestial, lugar donde Cristo y su Madre se encuentran en cuerpo y alma.

El mensaje

La culminación del mensaje de la Iglesia se encuentra en la Gloria de la cúpula central, en la que se representan coros celestiales de ángeles que tocan instrumentos junto a otros que vuelan portando atributos marianos. Este punto representa el gozo sin fin del Cielo y que, muy acertadamente define Miguel Ángel Adrián Abad como “el punto final del periplo que comenzó a los pies de la iglesia”.

La iglesia de San Agustín y el programa iconográfico que para ella diseñó Fray Pedro de Góngora, es una maravillosa obra “no solo en honor de las artes, sino de nuestra Religión, puesto que la majestad de tanto oro, algo amortiguado por la templada luz que entra por sus bien colocadas ventanas, hace que el alma se extasíe y hasta se crea más cerca de Dios, en aquel hermoso recinto donde la fe se aumenta y las esperanzas parecen realizarse”. Estas palabras de Teodomiro Ramírez de Arellano, quien perteneció en su día a nuestra Hermandad, bien podrían aplicarse al indescriptible grupo escultórico de la Virgen de las Angustias y su Santísimo Hijo. Ellos, que extasían el alma y acercan a Dios,  son el broche apoteósico al mensaje que Fray Pedro de Góngora nos quiso dejar en cada centímetro del templo.  

 

BIBLIOGRAFÍA

Miguel Ángel Adrián Abad: La Iglesia de San Agustín de Córdoba y su programa iconográfico.

Teodomiro Ramírez de Arellano y Gutiérrez: Paseos por Córdoba.

Juan Aranda Doncel: El Convento de San Agustín. ABC de Córdoba, 24/09/2007.